
Las pupilas de los gatos no necesitan de respuestas nerviosas para modificar su tamaño. Foto: Hoschie-stock.deviantart.com
Los músculos que controlan la pupila de los ojos de los gatos no requieren de señales nerviosas para realizar movimientos. Esta actividad es realizada por un pigmento sensible a la luz y presente en el iris del ojo.
Se pensaba que los mamíferos utilizaban señales entre los ojos y el cerebro para ajustar el tamaño de la pupila y controlar la cantidad de luz que llega a la retina. Sin embargo el investigador King-Wai Yu y sus colegas de la Universidad Johns Hopkins en Maryland (EEUU), descubrieron que los ojos aislados de animales (como gatos, perros y hámsteres), que son activos en la noche, aún seguían respondiendo a la luz.
Los científicos encontraron que esta respuesta resultaba como efecto de la melanopsina, un pigmento sensible a la luz, presente en el músculo del iris. Los tejidos de ratones que no contenían el gen que produce este pigmento fueron incapaces de responder a la luz de manera normal. Generalmente, la pupila se contrae en presencia de una gran cantidad de luz, y se expande cuando nos encontramos en ambientes oscuros.
Este pigmento parece tener un rol similar en las aves, peces y anfibios. El Dr. Stuart Peirson de la Universidad de Oxford piensa que el pigmento puede proveer a los mamíferos nocturnos, y que prefieren la oscuridad, una herramienta adicional para ayudarlos a evitar la ceguera temporal al ser expuestos súbitamente a la luz.
Los descubrimientos también apuntan a usos clínicos de este pigmento en seres humanos. Algunas formas de ceguera resultan por la pérdida de células sensibles a la luz en la retina. El Dr. Peirson afirma que puede ser posible usar a la melanopsina para hacer que otras células de la retina también sean sensibles a la luz.
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Artículo científico original
Información de NewScientist. Versión, edición y traducción de Pedro Romero (@quipupe) para Sophimania
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