
Tras quince años de inmovilidad, Cathy Hutchinson logra tomar un café por sus propios medios. Imagen: NatureVideo
Se trata de un gran avance médico y tecnológico, que crea una gran esperanza para pacientes afectados por diversos tipos de parálisis, como paraplejias y cuadraplejias. Generalmente las parálisis se producen por la interrupción de la comunicación nerviosa entre el cerebro y el (los) órgano(s) afectado(s). En personas con estos cuadros, esa lesión suele estar en la médula espinal, producto de una enfermedad (tumores) o de accidentes.
Aunque hay investigaciones prometedoras, a la fecha todavía la medicina no puede regenerar el tejido nervioso (como sí se regenera el tejido muscular por ejemplo) por lo que estas condiciones son, generalmente, permanentes. En lugar de tratar de regenerar y reconectar el tejido nervioso interrumpido, el equipo de científicos de la universidad de Brown, en Rhode Island, Estados Unidos, está trabajando desde el 2004 directamente en una interfase cerebro – máquina.
Si bien en un primer momento el brazo robótico es lo que más llama nuestra atención, el verdadero prodigio es mucho más pequeño: una placa cuadrada (más pequeña que una moneda), llena de electrodos o dispositivos sensibles a los cambios eléctricos. Esta pequeña placa se inserta directamente sobre la corteza cerebral del paciente (algo indoloro, ya que el cerebro, a pesar de estas compuesto de células nerviosas, no tiene sentido del tacto como sí lo tiene la piel), a manera de una “interfase neural” que hace las veces de “teclado” o “ratón” de una computadora.
Lo que queda sobre la cabeza del paciente es un conector metálico (cualquier similitud con “Matrix” es mera coincidencia), sobre el que se coloca un cable que va a una computadora. A partir de ahí, cada paciente tiene que aprender a controlar la interfase con sus pensamientos, algo que toma tiempo, pero que -por lo que se ve en el video- llega a tener una rapidez y precisión realmente sorprendentes cuando se trata de mover un cursor por una pantalla.
El reto esta vez ha sido que esta interfase pueda mover un brazo robótico, algo mucho más complejo de un cursor, que es bidimensional y que actúa con parámetros bastante sencillos como “hacer click” o no. En el caso de un brazo robótico, el movimiento es tridimensional (es decir, responde a tres ejes), y tiene variables como fuerza, velocidad, inclinación, etc.
Por lo que se en el video, la paciente, Cathy Hutchinson, de 58 años, cuadrapléjica desde hace 15 debido a un derrame cerebral, logra tomar un café por sus propios medios, controlando el brazo con sus pensamientos, algo que le provoca notorio placer y satisfacción. Los directores del proyecto, llamado “Braingate2” (literalmente “puerta cerebral“), son John Donoghue y Leigh Hochberg, ambos de la universidad Brown de Rhode Island. Ellos se sienten muy complacidos de los logros obtenidos en casi diez años de difíciles pero fascinantes investigaciones.
Si bien todavía falta mucho para que esta tecnología se popularice, debido a sus altos costos, este experimento demuestra que funciona y que es viable y prometedora.
Sophiamanía con información de NatureVideo



































