
Foto tomada el 14 de marzo de 1951, cuando Einstein cumplió 71 años. Salía de un homenaje y los reporteros lo rodearon a tomarle fotos, cosa que a él le disgustaba, así que les sacó la lengua para "malograrles" la toma, consiguiendo el efecto contrario. Foto: Arthur Sasse
Einstein calculó muchas cosas a lo largo de su vida, excepto que sacar la lengua para malograrles la foto a los reporteros que lo asediaban tendría el efecto complementamente contrario al que buscaba, convirtiéndose esa imagen en un ícono del genio.
De estar vivo, Albert Einstein cumpliría hoy 133 años, una edad imposible para un ser humano, al menos en las condiciones actuales. Pero Einstein hizo cosas mucho más difíciles, interesantes e importantes que esa.
Einstein es un personaje único no sólo por las cosas que hizo, sino por las circunstancias en las que las llevó a cabo, que le dan todavía más mérito y brillo a sus logros.
Nació en 1879 en
Ulm, una pequeña ciudad alemana ubicada a cien kilómetros de Stuttgart. Sus padres,
Hermann Einstein y
Pauline Koch, eran judíos de clase media. El instalaba gas y agua y
Pauline se dedicaba al hogar, pero sabía de música y le enseñó a
Albert a tocar el violín, afición que él mantendría toda su vida.
Aun cuando era una familia judía, enviaron a Albert a un colegio católico, donde tuvo un buen desempeño, destacando en álgebra, física, geometría, geometría analítica y trigonometría. Pero en ese momento nadie pensaba que Albert fuera un genio: introvertido, solitario, tímido y con ciertas dificultades para expresarse, algunos incluso pensaban que podía tener algún nivel de retardo.
Más que sus padres, la persona que lo encaminó por la senda de la aventura científica fue su tío Jacob Einstein, hermano y socio de su padre en el negocio familiar.
Jacob era un hombre empeñoso, fanático de la ciencia y la tecnología, pasión que se expresaba en su interés por ser inventor, idea en la que involucró al padre de Albert construyendo en casa un taller “de experimentación y proyectos“.

Einstein se interesó en la ciencia a través de libros de divulgación científica. Imagen: Internet
Si bien el taller fracasó pues Jacob no encontró compradores para sus futuristas inventos, tuvo éxito en encender en su sobrino el interés por la ciencia, que cultivó prestándole libros de divulgación. Esas lecturas no sólo llevaron a Albert a decidirse a estudiar física y matemáticas, también formaron su espíritu humanista y libre pensador, totalmente ajeno a los dogmas religiosos, algo que también marcaría su vida.
Luego del colegio, Albert estudió en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich , una universidad pública pero de gran prestigio. Ahí no sólo se preocupó por las materias que le atraían más (física y matemáticas), también dedicó buena parte de su tiempo a estudiar filosofía, especialmente los autores más vinculados a reflexionar sobre las posibilidades y límites del conocimiento humano: David Hume, Immanuel Kant, Karl Marx, Friedrich Engels, Friedrich Adler, Baruch Spinoza y Ernst Mach.
En 1898, cuando apenas tenía 19 años, conoció a Mileva Maric, una matemática serbia con la que se casó y tuvo tres hijos: Lieserl (la que desareció misteriosamente, posiblemente dada en adopción), Hans (quien estudió ingeniería hidráulica) y Eduardo (que desarrolló esquizofrenia y tuvo que pasar su vida internado en una institución siquiátrica).
Cuando se conocieron, Mileva era la única mujer que estudiaba en el Politécnico. Desenvuelta, brillante y decidida, tuvo gran influencia no sólo en la formación científica de Einstein, también en sus convicciones políticas, totalmente ajenas al totalitarismo que en ese momento estaba sentando las bases de lo que luego sería el movimiento nazi.
Sus amores con Einstein fueron prohibidos y secretos, ya que los padres de ella (de posición acomodada) se oponían a la relación. El temprano embarazo de su primera hija, el posterior matrimonio con Einstein y nacimiento de sus otros dos hijos impidieron que continuara su carrera científica, algo que perjudicó la relación matrimonial.
Una vez graduado Einstein no consiguió que lo contrataran como profesor del Politécnico, por lo que tomó pequeños trabajos, el más famoso de los cuales fue el de empleado en la Oficina de patentes de Suiza, en Berna, donde se dio tiempo para escribir los textos que revolucionarían la historia de la física, entre ellos el efecto fotoeléctrico y la relatividad especial. Era 1905. Albert tenía 26 años.
Inicialmente estos trabajos fueron tomados “con pinzas” por la comunidad científica pues eran el fruto de una visión y una perspectiva hasta ese momento muy poco comunes. La solidez de la propuesta de Einstein, sin embargo, se abrió camino, convirtiéndolo en uno de los físicos más famosos de la historia (comparable con Newton) y más importantes del siglo XX.
La repercusión del trabajo de Einstein en el mundo de la ciencia es difícil de calcular. Muchas de las tecnologías que hoy nos parecen imprescindibles (como la televisión, la computadora y la internet) se basan, directa o indirectamente, en sus postulados, incluyendo, por desgracia, el desarrollo de las bombas atómicas, algo que horrorizó a Einstein, provocándole una seria crisis de conciencia, bombas contra las que luchó activamente puesto que siempre fue un pacifista.
En el ámbito puramente teórico, sus hallazgos han dado pie a desarrollos increíbles en diversas ramas. Por ejemplo impulsando la mecánica cuántica (especialidad que explica el mundo de las partículas elementales y en la que Einstein postuló la existencia de los fotones que se comportan a la vez como ondas y como partículas), la química (demostró la existencia de las moléculas), la radiación (que daría pie a la invención del láser años después) y los métodos de cálculo estadítisticos, que hicieron posible el entendimiento de la estructura interna de las estrellas y hasta los movimientos de la bolsa de valores.
Por supuesto, su trabajo más conocido (aunque no más entendido por el público general) es el de la relatividad especial, que logra conciliar las fórmulas electromagnéticas de Maxwell con la física mecánica de Newton y determina la velocidad de la luz como una constante que no puede ser sobrepasada, un tema que vuelve a estar de moda luego de los recientes experimentos hechos con neutrinos.
Un tema complejo que Einstein pudo esbozar de manera elegante y aparentemente muy sencilla en la fórmula E=mc2 en la que la masa y la energía son intercambiables y que hace entendible la estructura de la materia.
Tras estallar la Segunda Guerra Mundial Einstein viajó a Estados Unidos, país que le dio la nacionalidad, mientras algunos intelectuales alemanes se prestaban a colaborar con el proyecto nazi, que cobró su insanía en la vida y sufrimiento de millones de personas, muchos de ellos niños.
Albert Einstein murió en Estados Unidos, el 18 de abril de 1955, a los 76 años, todavía trabajando y en pleno uso de sus facultades mentales, cuando un aneurisma ubicado en su abdomen reventó, provocándole una hemorragia interna de la que declinó ser operado.
Su cuerpo fue incinerado, menos su cerebro, que fue extraído en polémicas circunstancias y cuyas restos son exhibidos actualmente en el Museo Mutter de Philadelphia. Las cenizas de su cuerpo fueron esparcidas en los campos de Princeton, Nueva Jersey, EEUU, lugar donde trabajada.
Desde entonces ningún otro genio ha logrado combinar el grado de inteligencia, carisma, valentía, importancia, consecuencia política, humildad, popularidad y brillantez de Albert Einstein, que murió siendo fiel a ese pequeño y tímido solitario que leía libros de divulgación científica y que ayudaba a su tío Jacob, en taller paterno, a fabricar esos inventos fallidos y futuristas, a los que él si daría origen con un increíble trabajo intelectual hecho a puro cerebro, lápiz y hojas de papel en blanco, que él supo convertir en catalejos desde los cuales atisbar un universo infinitamente grande e infinitamente pequeño. ¡Feliz día, Albert!
Algunas frases famosas de Einstein
“El estudio y, en general, la búsqueda de la verdad y la belleza conforman un área donde podemos seguir siendo niños toda la vida”
“Era, por supuesto, una mentira lo que usted leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que está siendo repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y nunca he negado esto, sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso no es sino la ilimitada admiración por la estructura del mundo tanto como la ciencia puede revelarla”.
“Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales.”
“La palabra Dios para mí no es nada más que la expresión y el producto de la debilidad humana, [y] la Biblia es una colección de honorables pero aun así primitivas leyendas que sea cómo se las vea son bastantes infantiles”.
“Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico que no puedo tomar en serio. Tampoco puedo imaginarme alguna voluntad o metáfora de la esfera humana. Mis opiniones son cercanas a las de Spinoza: admiración por la belleza y creencia en la simplicidad lógica del orden y la armonía del universo, que sólo podemos aprender con humildad y de manera imperfecta. Creo que tenemos que contentarnos con nuestro imperfecto conocimiento y comprensión y tratar los valores y las obligaciones morales como problemas puramente humanos? los más importantes de todos los problemas humanos”.
“No puedo aceptar ningún concepto de Dios basado en el miedo a la muerte o en la fe ciega. No puedo demostrarle que no hay un Dios personal, ¿pero si hablara de él sería un mentiroso?”
“No se puede acabar con el dominio de los tontos, porque son tantos, y sus votos cuentan tanto como los nuestros”
“¿Por dolorosa experiencia, hemos aprendido que la razón no basta para resolver los problemas de nuestra vida social. La penetrante investigación y el sutil trabajo científico han aportado a menudo trágicas complicaciones a la humanidad, [...] creando los medios para su propia destrucción en masa. ¡Tragedia, realmente, de abrumadora amargura!?.”
“Sentir que detrás de cualquier cosa que pueda ser experimentada existe un algo que nuestra mente no puede captar y cuya belleza y sublimidad nos alcanza indirectamente y como un débil reflejo, eso es religiosidad. En ese sentido yo soy religioso”.
“Si alguien disfruta marchando al ritmo de la música, en fila y al unísono, ya le desprecio simplemente por el hecho de que le han dado un cerebro erróneamente. Con la médula espinal habría bastado“.
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Pablo Vásquez Flores para Sophimanía