
Historia de la Plaza de Armas de Lima proyectada en 180 grados. Foto: Iguana Producciones
Más de veintiséis salas con efectos especiales, películas en 3D, cinematográficas puestas en escena, hologramas… Este museo parecía que sólo podía habitar la mente de un creativo amante de la ciudad, pero ya es una realidad. El museo más espectacular de Lima existe para el disfrute de todo el que entienda la divulgación de nuestra historia como una misión que no tiene que ser aburrida, lineal, ni siquiera clásica.
Todo comenzó con el timbre de mi celular, a mediados del 2010. Era Luis Llosa para citarme a una reunión de trabajo en Iguana Producciones, algo bastante habitual en mi rutina desde inicios de los noventa. Pero a diferencia de los cientos de reuniones anteriores, en las que discutíamos y proyectábamos los enredos propios de miniseries y telenovelas, esta vez el proyecto era algo totalmente distinto: un museo vivencial interactivo.
Frente a la mesa de reuniones, que tenía alrededor de diez personas, Lucho, como le decimos en Iguana, nos contó, con bastantes detalles y dramatismo, cómo iba a ser un recorrido por el Museo Metropolitano de Lima, comenzando por el video proyectado en la cúpula con Juan Diego Flórez y terminando con un vuelo en parapente sobre la ciudad. ¿Cuántos años teníamos para desarrollar un proyecto tan ambicioso e increíble? me pregunté. La respuesta vino pronto: apenas unos meses.

Lima crece tras la demolición de la muralla. Foto: Iguana Producciones
Desde entonces la vida de todos cambió por completo, comenzando con reuniones diarias a las 7 am en el local del museo, en el Parque de la Exposición, incluyendo sábados y muchos domingos. El concepto “hora de salida” estaba escrito en un cartel por ahí, pero en la práctica nunca le hicimos caso.
Mi tarea fue escribir el guión museográfico. Es decir, el documento que detallaba el contenido de todo el recorrido por el museo, incluyendo los guiones de las películas que se iban a realizar, los textos del narrador en off, la forma en que iban aparecer los efectos, el estilo que iban a tener los temas musicales, etc. El punto de partida para que directores, escenógrafos, técnicos, músicos y actores pusieran en escena las decenas de películas que se iban a rodar.
Por supuesto, nada obedecía -como sí puede ocurrir en el mundo de la ficción- a mi parecer o mi capricho. Todo debía tener un sustento histórico riguroso dado por los asesores, todo debía estar coordinado con Lucho Llosa y adecuado a la pauta que establecía el proyecto original, puesto en marcha por Luis Castañeda (en ese momento alcalde) y Flor de María Valladolid (en ese momento presidenta de EMILIMA).
Informe de Panorama. Video: Panamericana Televisión
En un museo tradicional, donde generalmente basta poner objetos en vitrinas presentándolos con carteles que indican qué son, no hay mayores preguntas por resolver. Pero en un museo donde el público debe ser testigo de la historia, tienes que adentrarte en terrenos muchas veces inexplorados: ¿Cómo se filma en tercera dimensión una batalla que ocurrió hace más de mil años? ¿Cómo se recrea el mayor terremoto que ha sufrido nuestra ciudad durante el virreinato? ¿Cómo se veía Taulichusco? ¿Cómo hablaba Francisco Pizarro? ¿Cómo era el dios Pachacámac?
Esas y otras interrogantes tuvieron que ser atendidas diariamente, durante semanas. Para mi sorpresa, no siempre había consenso entre los historiadores que nos asesoraban. Lima, la vieja Lima, sigue siendo polémica, contradictoria, chismosa, complicada y juguetona. Y es que, a diferencia de cualquier otro, en el Museo Metropolitano es la historia viva la que viene a nuestro encuentro, la que nos envuelve, nos interpela, nos educa, nos conmueve y enamora.
Parece que exagero, pero es la verdad. Como todo habitante de esta ciudad mantengo una relación de amor – odio con ella. Más de odio que de amor, generalmente. Pero desde que tuve la suerte de verme involucrado en el equipo que concibió y dio forma a este museo, mi entendimiento y mi fascinación por Lima y su historia me ha reconciliado con ella.

Efecto especial que muestra el antes y el después de la Guerra del Pacífico. Foto: Iguana Producciones
Lima nunca fue el páramo sombrío del que los primeros pobladores de la región huían, como me contaron en el colegio en los años sesentas. Lima siempre fue vital, ejemplo de esfuerzo colectivo, de domesticación de los suelos, de la flora y de la fauna, de cómo se convierte en lugar habitable y amable lo que en principio era sólo un gran arenal.
Desde la perspectiva del MML puedes ver a Lima con otros ojos, no sólo como el primer paso de un enclave virreinal impuesto desde Europa, sino como una de las cunas milenarias del caleidoscopio cultural que es ahora el Perú. En la costa central de nuestro país se gestaron muchos de los avances y tecnologías que luego los incas difundieron por todo el continente, posiblemente el origen mismo del quechua.
Hay, pues, grandes y variados motivos para sentirse orgulloso de esta ciudad, algo que en la práctica nos debe llevar a una mayor indignación al verla caótica y mal proyectada.
La primera vez que recorrí el Museo Metropolitano de Lima tenía bien fresca en la memoria la reunión en la que Lucho Llosa nos contó cómo debía ser la propuesta. Fue muy emocionante comenzar a vivir, sala por sala, lo que apenas unos meses antes habían sido palabras, esquemas y descripciones sobre documentos oficiales.

La historia del transporte en Lima. Foto: Iguana Producciones
El milagro de convertir el papel en realidad fue hecho por un equipo enorme de la gente más variopinta que se puedan imaginar, acaso con cinco denominadores comunes: “locura“, creatividad, ingenio, terquedad y sentido del humor.
Intento sólo una lista de nombres “de los más involucrados en el trabajo” y resulta que este artículo cuadriplia su extensión, así que me opto por un reconocimiento global que me evite la tremenda injusticia que significaría dejar fuera a alguno de ellos.
Pero el resultado del trabajo de todos está por fin abierto a la visita, disfrute y escrutinio del público general, razón de ser de todo el proyecto. Ahí están Taulichusco, Francisco Pizarro, el virrey Amat, el gran sabio de Pachacámac, los Lima y los Wari, Ricardo Palma y la Perricholi, los huatuc… Decenas de personajes y de vidas entrelazadas, amalgamadas por un pasado común y proyectadas, literalmente, en un futuro que nos abarca a todos.
El “detrás de cámara” de cómo se hizo el MML. Video: Iguana Producciones
Qué verás en el Museo
El Museo Metropolitano de Lima tiene unas veintiseis salas, organizadas cronológicamente, que en conjunto cuentan unos diez mil años de historia de la costa central del Perú, donde se ubica por supuesto Lima y sus alrededores. Se retratan eventos que ocurrieron hace miles de años, como las primeras aldeas costeras, hasta la Lima actual, incluyendo una proyección virtual al 2050.
En el ínterin recorremos la Lima prehispánica, la llegada de los conquistadores, la destrucción de Pachacámac, el virreinato, el terremoto de 1746, las ideas independentistas, la declaración de la independencia, la lucha por mantenerla, la Lima de los siglos 18 y 19 y la explosión urbana y cultural de las últimas décadas.
Esto no sólo se ve en breves películas realizadas en alta definición, también en recreaciones escenográficas que incluyen hologramas grandes y pequeños y proyecciones en 2D, 3D y 4D (es decir, cuando además del 3D, es la propia sala la que “cobra vida” y nos involucra en el relato, como en el caso del terremoto de 1746 y del vuelo en parapente sobre la ciudad).

La transformación urbana de Lima. Foto: Iguana Producciones
Además de instructivo y emocionante, es un viaje entretenido. Probado también en adolescentes a los que hubo de convencer casi a la fuerza (por desgracia la palabra “museo” tiene mala fama entre los más jóvenes) y que luego quedaron asombrados y contentos de haber ido.
El recorrido dura aproximadamente dos horas, que se pasan bastante rápido. Pero no es mala idea dejar de lado los zapatos de taco alto en favor de calzados más cómodos.
De todas las cosas que he escrito como guionista en más de veinte años de vida profesional, es del museo de lo que me siento más orgulloso. Es lo que menos tiene de mí, en tanto que todo debió corresponderse con fuentes históricas rigurosas, pero esos pequeños detalles en los que me reconozco me hacen sentir realizado y feliz.
Y es que ser parte del esfuerzo de llevar la historia de una gran ciudad como Lima a sus habitantes es por supuesto un gran honor y una gran responsabilidad que todo el equipo de Iguana Producciones asumió con entereza. Una de esas oportunidades que se presentan rara vez en la vida y que al aceptarlas, sufrirlas y realizarlas, te hacen mejor en lo que haces y te reconcilian con tu profesión y tus fantasmas; algo que me hace sentir agradecido y a la vez más alerta que nunca al timbre del celular, a la espera de otra llamada para realizar un museo similar en alguna otra parte del país o del mundo.
El Museo Metropolitano de Lima atiende de martes a domingo, de 9 am a 5 pm. La entrada promocional es de S/. 4.00
Pablo Vásquez Flores para Sophimanía