Ha muerto Alberto Giesecke, el científico que quería ganarle la guerra a los terremotos

Peruanxs destacadxs

Por Victor Roman
1 de Septiembre de 2016 a las 10:41
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Ha muerto Alberto Giesecke, el científico que quería ganarle la guerra a los terremotos
El Ing. Alberto Giesecke le dedicó toda una vida a la ciencia. Foto: Premio Esteban Campodónico/German Falcón

En la misma semana que las fuerzas imperiales japonesas bombardeaban la base estadounidense de Pearl Harbor, un joven científico peruano sobrevivía a una experiencia igual de mortífera en la Cordillera de los Andes. 

Exactamente a las 6.45 de la mañana de un 13 de diciembre de 1941, una gran mancha negra apareció en el horizonte de la, aún pequeña, ciudad de Huaraz para arrasarlo casi todo. Un pedazo de hielo del nevado adyacente a la laguna Palcacocha había caído sobre esta y había generado un aluvión que destruyó casas, carreteras y plazas; y acabó con la vida de entre 4 mil 6 mil habitantes (nunca hubo acuerdo en la cifra oficial).

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Aluvión de Huaraz de 1941 destruyo gran parte de la pequeña ciudad. Foto: Archivo Canelo

Esa mezcla de lodo, piedras y muerte debió causar tal impresión emocional en el joven ingeniero mecánico Alberto Giesecke Matto, que desde ese momento no paró hasta convertirse en un experto en desastres naturales, y sobre todo, en cómo poder prevenirlos. “Los terremotos son enemigos con los que no se puede firmar tratados de paz”, diría Giesecke en una entrevista a una revista local 64 años después, cuando ya era una reconocida eminencia mundial en sismos.

Alberto en español, se llamaba como su padre Albert, en inglés - Albert Anthony Giesecke - un respetado académico estadounidense que emigró al Perú a inicios del siglo veinte con el ideal de ayudar en la reforma el sistema educativo peruano; aquí conoció a Esther Matto Usandivaras, cusqueña y prima hermana de la famosa escritora peruana Clorinda Matto de Turner, maestra y madre de Alberto. Por ella es que Alberto nació en Cusco - en 1918- y estudió allí hasta sus 11 años en que sus padres lo enviaron a Filadelfia, EE.UU., a la hacienda de sus tíos paternos. Allí descubrió su curiosidad por la electricidad, al ver cómo funcionaba una pequeña planta eléctrica a manivela, lo cual terminó definiendo su primera carrera: ingeniería eléctrica en el Instituto Politécnico de Rensselaer, uno de los más prestigiosos del mundo en aquel entonces.

A los 20 años, con el título de ingeniero volvió al Perú donde un desastre natural y humano cambiaría su vocación. Empezó a trabajar en la sección minera de la compañía eléctrica Westinghouse que le dio la tarea de recorrer la selva y sierra del país. Luego, se embarcó en la expedición del científico sueco Axel Wenner-Gren a la Cordillera Blanca. Allí vivió con espanto primero y luego con asombro científico la impredictibilidad y fuerza arrasadora de la naturaleza. El desastre del aluvión de Huaraz de diciembre del 41 hizo que cambiara de curso su interés de la electricidad por el de las fuerzas telúricas.

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Don Alberto, de traje oscuro, en uno de sus muchos viajes por la sierra peruana. Foto: PUCP

Alberto Giesecke le dedicó toda su vida a la ciencia. Fue miembro y presidente de más de una decena de instituciones relacionadas con la ciencia y la tecnología que fueron perfilando la institucionalidad científica del Perú, como el IGP, CONCYTEC, INICTEL, ENTEL, CONIDA y tantas más que aburriríamos con la lista. Dentro de la larga y dedicada carrera académica de Alberto Giesecke, dos periodos destacan singularmente: cuando en 1942 se hizo cargo del Observatorio de Huancayo perteneciente al  Instituto Peruano de Geofísico Peruano (IGP), al que él mismo presidió desde el año 1947 hasta el año 1981; y cuando en 1982 se encargó, desde el Centro Regional de Sismología para América del Sur (CERESIS), de coordinar los proyectos de investigación y programas de prevención de sismos de los países miembros.

Estos dos momentos de la vida de Alberto Giesecke fueron determinantes porque desde el Observatorio de Huancayo y el IGP, pudo estudiar la conducta de la Tierra, su relación con la atmósfera y el magnetismo solar; y como jefe del CERESIS, Alberto Giesecke ayudó a implementar un banco de datos con las formas de ondas que afectaban a nuestro continente durante un sismo, esta información sirvió para crear viviendas prototipo que pudieran ser más resistentes a los terremotos en los poblados andinos de mayor riesgo.

La rigurosidad científica y la seriedad con la que se dedicaba a su trabajo parecían proponer encontrar a un hombre seco, adusto o absorto. Pero Alberto era absolutamente lo contrario, cálido y amable, coinciden todos los que lo conocieron y trataron. Cuenta, por ejemplo, Leandro Rodríguez, que el día que entró a trabajar al IGP, con apenas 21 años y empezando su carrera de físico, la forma en que se dio su primer encuentro con el jefe del IGP fue realmente inesperada: “El primer día que fui al IGP, entró un hombre alto con una alegría en el rostro (…) me extendió la mano y con una palmada en la espalda me dijo ‘¡Bienvenido!’”. Era el Ing. Giesecke, o Don Alberto, como él prefería que le dijeran.

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Don Alberto también se caracterizó por su sencillez. Foto: Premio Esteban Campodónico/German Falcón

El "Don" de Alberto no era un simple título por respeto, era un símbolo de su compromiso y generosidad. Cuando a fines de la década de los 60 la Sociedad Geológica del Perú fue notificada porque debía dejar la casona en la que tenía sus oficinas, el Ing. Giesecke ofreció la mitad de su propia casa para que la Sociedad pudiera seguir funcionando; incluso cuando se necesitó dinero para comprar una nueva casa, fue nuevamente él quien realizó un préstamo personal para que no se detuvieran ni interrumpieran las labores de la Sociedad Geológica.

Alberto Giesecke era un activista de la ciencia porque era un activista por el Perú. No le importaba el poder por el poder. Cuando uno de los ministros del primer periodo del régimen fujimorista le ofreció la dirección del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), él le preguntó por qué querían sacar al presidente vigente. El ministro le respondió que porque no lo conocían. Entonces Alberto Giesecke declinó. “Creo que esa no es razón para cambiar a nadie”, recordaría años más tarde. Más aún, cuando en 1994 se hacían cada vez más evidentes los indicios poco democráticos del gobierno de Alberto Fujimori, Alberto Giesecke formó parte del grupo de ciudadanos que fundó la Asociación Civil TRANSPARENCIA, la ONG que buscó restablecer y fortalecer la democracia en aquellos oscuros momentos de nuestra historia reciente.

A Alberto Giesecke le conmovía el Perú, le conmovía la gente con la que trabajaba, con la que compartía su amor por la ciencia, y su asombro por la tierra y todos sus movimientos. “Al margen de los logros académicos de Don Alberto, lo más importante ha sido encontrar en él a un hombre con una calidad humana extraordinaria. Solía decir que lo más importante que había hecho en su vida, al margen de lo académico, era tener los amigos que poseía y la familia que había formado”, escribo sentido el físico Leandro Rodríguez. Alberto Giesecke, el científico, el humano, falleció el pasado miércoles 20 de agosto en su casa en Lima. Instituciones científicas, públicas, amigos, colegas, estudiantes ya lo extrañan. Alberto, el científico, el humano, el telúrico, nos va a hacer falta. 



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