La inteligencia no depende de la genética: Educación y ambiente también son importantes

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
29 de Agosto de 2016 a las 11:51
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La inteligencia no depende de la genética: Educación y ambiente también son importantes
Science Daily

Investigaciones recientes sugieren que el rendimiento académico, la comprensión de lectura y el CI tienen una base genética, lo que refuerza la idea popular de que la inteligencia y las capacidades cognitivas están en nuestros genes. Sin embargo, el hecho de que existan genes asociados a la capacidad intelectual, no significa que esté determinada por la biología, sino que todas las conductas tienen un plano hereditario de soporte (actuamos con un cuerpo material) pero son construidas a través de la estimulación y el aprendizaje.

Esta idea ha llevado a algunos a rechazar la importancia de las intervenciones educativas sobre la base de que gastar dinero en la crianza no va a afectar de manera significativa las capacidades que la naturaleza nos ha dado. Sin embargo, los genes no son el destino. Hay buena evidencia para demostrar la eficacia de las intervenciones ambientales sobre los resultados educativos, explica Kate Lynch de Macquarie University.

Desde el advenimiento de la secuenciación de genes, las nuevas técnicas han permitido a los científicos identificar genes candidatos específicos que se correlacionan con resultados intelectuales. La interpretación estándar de este tipo de resultados es que los genes de la inteligencia trabajan a través de procesos biológicos innatos produciendo las diferencias individuales. Pero esto no siempre puede ser el caso.

Lynch propone un ejemplo para entender el problema de la generalización en los estudios de genética: imaginemos dos grupos de niños con una variación en el “gen x”. El grupo de niños con cierta versión de ese gen, desarrollarían un amor insaciable por el olor a humedad de los libros. El otro grupo de niños desarrolla aversión por el mismo olor. Es lógico que los niños que aman el olor a la humedad buscarán rodearse de ese olor a través de los libros, y posiblemente leyéndolos.

El otro grupo los evitaría. Como resultado, el primer grupo de niños probablemente tenga mejores calificaciones de lectura que el segundo grupo, simplemente debido a su mayor exposición a los libros. Pero el gen x no tendría nada que ver con la inteligencia. Esto mismo sucede cuando se interpretan mal los resultados de estudios sobre inteligencia y genética. Ningún gen explica conductas tan complejas como la inteligencia, rasgos de personalidad o aspectos sociales.

Un peligro con la investigación genética de las habilidades humanas es la forma en que se entienden hallazgos. Si los resultados se interpretan de forma prematura o incorrectamente, las decisiones políticas derivadas pueden ser  ineficaces y potencialmente desastrosas. Esto sucedió en la década de 1960 cuando el genetista Arthur Jensen criticó el programa de educación de Head Start, que ofrecía educación compensatoria a los niños procedentes de entornos desfavorecidos.

Una de las razones era que pensaba que era imposible reducir la brecha intelectual por las bases genéticas de la inteligencia. Los niños de entornos menos favorecidos eran en su mayoría afroamericanos. Esto provocó un debate acerca de las causas de las diferencias de inteligencia entre los grupos raciales, alimentando el racismo a nivel cultural y político. Sin embargo, estudios más recientes han desacreditado estas ideas. Ahora sabemos que estas diferencias se deben a diferencias ambientales asociadas, incluidos los prejuicios que enfrentan algunos grupos dentro de la sociedad actual.

Por desgracia, el racismo todavía persiste, al igual que los prejuicios en muchas otras formas. Debido a esto, los científicos y los profesionales de los medios deben tener mucho cuidado cuando se presentan los hallazgos sobre las causas genéticas de ciertas conductas, finaliza Lynch.

Nosotros compartimos esta idea y no sumamos a informar y educar científicamente.

 

FUENTE: The Conversation


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