¿Por qué se nos pone la piel de gallina?

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
9 de Febrero de 2015 a las 13:19
Compartir Twittear Compartir
¿Por qué se nos pone la piel de gallina?

Tener miedo o frio, escuchar una canción especial o sentir una caricia. Estas sensaciones hacen que nos recorra por el cuerpo un escalofrío, que en nuestra piel aparezcan diminutos montículos y que el vello se erice, por lo que solemos decir que 'se nos pone la piel de gallina', una expresión que hace alusión al aspecto de estas aves después de arrancarles las plumas.

 

Nuestra piel responde del mismo modo a diferentes estímulos (miedo, frío o deseo) debido a la fisiología de las emociones. Según explica George Bubenik, profesor de zoología en la Universidad de Guelph (Ontario), en PNAS, esta manifestación no es más que un fenómeno fisiológico heredado de nuestros ancestros animales.

 

La piel de gallina está causada por una contracción de los pequeños músculos que están asociados a cada pelo. Por ello, cada músculo en contracción crea una depresión diminuta en la superficie de la piel, lo que hace que el área circundante sobresalga y que el vello se erice.

 

Según explica el artículo, en los animales que tienen una gruesa capa de pelo esta erección del vello permite la formación de una capa de aire que les protege del frío (y cuánto más gruesa sea la capa del pelo, más calor se retiene). A los animales también se les eriza el pelo cuando se sienten en peligro, así consiguen dar la apariencia de ser más grandes para poder disuadir a un potencial enemigo.

 

 

piel 2

Foto: FOODISTA

 

 

El caso en humanos

 

Aunque los humanos no estemos cubiertos de pelo, también experimentamos la piel de gallina en situaciones emocionales o incluso cuando estamos recordando aquellas sensaciones. El origen fisiológico de estas respuestas hay que buscarlo en la liberación de la hormona relacionada con el estrés denominada adrenalina. Esta sustancia contrae los músculos de la piel pero también influye en otras reacciones corporales, como la respuesta de lucha o huida.

 

La adrenalina, que muchos animales la liberan cuando tienen frío o se sienten amenazados, los humanos la segregamos frente a emociones fuertes, ya sean positivas o negativas. Otros signos de adrenalina, sigue el artículo, incluyen lágrimas, palmas sudorosas, manos temblorosas, un aumento en la presión arterial, aceleración del ritmo cardíaco o la sensación de 'mariposas' en el estómago.

 

 

piel 3

Foto: LIVESCIENCE

 

 

El cerebro y la piel

 

Los hombres que participaron en el experimento fueron acariciados mientras aparecían dos personas en un vídeo. En primer lugar veían a una atractiva mujer que se inclinaba hacia ellos en la pantalla y luego observaban a un hombre, poco agraciado físicamente. Cuando notaban la caricia después de ver a la mujer del vídeo, los varones experimentaban una sensación placentera. Cuando veían la imagen del hombre la sensación era aversiva.

 

Los participantes del estudio desconocían que la mano que les acariciaba después de la proyección de ambas imágenes era siempre la misma, la de una mujer. Lo sorprendente es que aquella sensación se iniciaba en el cerebro varios segundos antes de que sintieran el roce de la mano.

 

Y esto es así porque la piel es la prolongación periférica del sistema nervioso y está muy relacionada con lo que sentimos. Tenemos entre seis y diez millones de sensores táctiles que recogen la información que llega del exterior y del interior del organismo y la mayoría se encuentra en la piel. La información que estos sensores recogen del exterior en los primeros momentos de nuestra vida es vital para mantenernos a salvo. Y si falta la estimulación táctil, el desarrollo del cuerpo y del cerebro se resiente.

 

 

FUENTE: Scientific American



Compartir Twittear Compartir