EEUU: Vuelve la sarampión por perjudicial 'moda' de no vacunar a los niños

Medicina, Salud y Alimentos

Por Sophimania Redacción
4 de Febrero de 2015 a las 10:30
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EEUU: Vuelve la sarampión por perjudicial 'moda' de no vacunar a los niños

Aunque está comprobado que han evitado la enfermedad y muerte de millones de personas en el mundo, muchos padres están dejando de vacunar a los niños. Expertos advierten que esta "moda" es una amenaza para la salud pública. Las vacunas son un mecanismo para el control de muchas enfermedades infecciosas que en el pasado eran comunes en este país, como la polio, el sarampión, la gripe y la tos ferina.

Pero en los últimos años, muchas familias temerosas de los efectos secundarios de las vacunas han dejado desprotegidos a los niños. Como muestra de lo que puede ocurrir, basta ver lo que sucede en California, donde un brote de sarampión originado en Disneylandia en diciembre de 2014 se extendió a la comunidad dejando un saldo de 95 casos en 11 estados, según informaron las autoridades, y agregaron que mayoría de las personas infectadas (no se proporciona porcentaje) no estaban vacunadas.

"Este brote ocurre porque una cantidad crítica de personas están eligiendo no vacunar a sus hijos", señaló el Dr. Paul Offit, médico a cargo de la División de Enfermedades Infecciosas del Hospital Pediátrico de California. "Los padres no temen a la enfermedad porque nunca la han visto", agregó Offit. "Y en menor grado, tienen temores sin fundamento sobre las vacunas. Pero el motivo principal es que no temen a la enfermedad".

 

 

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Foto: CVINOTICIAS

 

 

En California crece el rechazo a vacunas

 

"California es uno de los estados con las tasas más altas de exenciones del país (30%)", dijo Saad Omer, profesor de epidemiología y pediatría de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Emory, en Atlanta. Las exenciones son permisos especiales que las familias obtienen para que sus hijos concurran a la escuela sin vacunarse, generalmente por motivos religiosos o morales.

"Las percepciones sobre la seguridad de las vacunas tienen una contribución alta en el rechazo, pero no son el único motivo por el que los padres no vacunan a sus hijos" señaló el experto. Otros motivos incluyen la creencia de que sus hijos no contraerán la enfermedad, de que la enfermedad no es muy grave y de que la vacuna no es efectiva, agrego Omer.

A su juicio, los efectos adversos de la inoculación indiscriminada de un virus superan hoy en día a los beneficios. "Los médicos recitan el dogma que han aprendido. No estudian vacunación en medicina. Les dicen: aquí está el calendario de vacunación, memorízalo y úsalo; muy poca gente va más allá y lee qué es lo que se le inyecta a los pacientes y entienden las complicaciones potenciales", declaró.

 

 

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Foto: RADIOFELICIDAD

 

 

Los mitos que circulan

 

Los médicos lo explican de otro modo: "Todas las vacunas tienen efectos secundarios, pero no ha habido ninguna intervención médica más eficaz en la historia", señaló Jaime Deville, especialista en Infectología Pediátrica del Hospital Infantil Mattel UCLA de Los Ángeles.

“Si tú creyeras todo lo que escucha en los programas de entrevistas en televisión o se lee en sitios de Internet contra las vacunas, tal vez nunca permitirías que a tu hijo se le vacune. Se dice que una vacuna u otra causan autismo, daño cerebral, esclerosis múltiple o convulsiones.

Algunas veces los alarmistas advierten que las vacunas son tan poco confiables que dejan a los niños tan vulnerables a las enfermedades como estaban antes de recibir la vacuna. Estas afirmaciones serían desconcertantes si se basaran en una realidad. Pero no es así, y crean mucho temor entre los padres preocupados” dice la Asociación Americana de Pediatría (AAP).

Y concluye que “paneles de expertos han confirmado una y otra vez que las vacunas de hoy en día son mucho más seguras que nunca. De hecho, los mayores riesgos vienen cuando los niños no están vacunados. Como padre responsable, es importante que estés bien informado. Si te preocupa algo, puedes hablar con el pediatra”.

 

 

FUENTE: ECONOMIST


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