Cinco años sin Luis Jaime Cisneros: Un homenaje íntimo de su hijo

Filosofía y Humanidades

Por Sophimaníaco Invitado
30 de Enero de 2016 a las 18:43
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Cinco años sin Luis Jaime Cisneros: Un homenaje íntimo de su hijo

El autor de la nota con su padre, en una foto polaroid blanco y negro de 1967 en la catedral Notre Dame, Paris.

Luis Jaime Cisneros Hamann, periodista e hijo del notable lingüista y catedrático peruano, Luis Jaime Cisneros Vizquerra, entra en intimidad con su padre a cinco años de su partida, este enero 2016.

*Por Luis Jaime Cisneros Hamann

Durante mucho tiempo imaginé que mi padre viviría 100 años. Fomenté esa idea cuando vi, a fines de los 70, "Mamá cumple 100 años", un film de Carlos Saura. Reforcé esa peregrina idea a partir de 2002 cuando llegó a mis manos el libro "Creía que mi padre era Dios", una selección de relatos sobre historias familiares editado por Paul Auster.

Verlo en su papel de maestro universitario, formando generaciones durante seis décadas, contribuyó poderosamente a ese secreto deseo. Pero ¡ay!, nada es eterno. Hace cinco años tomé una puñado de piedras y tierra polvorienta y lo arrojé sobre su féretro. Aun le faltaban 10 años para llegar a la centuria, me dije mientras realizaba aquel simbólico acto de resonancias rituales. En un abrir y cerrar de ojos, que me pareció inacabable, repasé aleatoriamente pasajes de la vida que me regaló.

Hacía menos de una semana, lo había llamado por teléfono desde Tacna -donde me hallaba cubriendo un torneo sudamericano Sub20 de fútbol para la agencia de noticias France Presse- a preguntarle cómo andaba de salud. "No pasa nada. ¿Viste los (cuatro) goles de Neymar (a Paraguay)?" me respondió. No quería inquietar a sus hijos, no le gustaba transmitir angustia o generar ansiedad. Lo suyo era enseñar, aconsejar, estimular, preparar para el porvenir.

Poseía una proverbial facilidad para el difícil arte de la conversación. Para la economía de las palabras. Para utilizar el verbo preciso, que supiese definir una acción o estrategia a emprender. Rara vez el desaliento surgía entre sus palabras. Los miles de alumnos que pasaron por sus aulas desde 1948 dan fe de ello. Orientar en medio de la encrucijada vocacional era uno de sus tópicos favoritos.

Siempre recuerdo a mi amigo Manuel Machado, estudiante de Estudios Generales Ciencias en la Pontificia Universidad Católica, invadido por el temblor de la inseguridad de su incipiente carrera repleta de números y signos. Lo buscaba para que me resuelva ejercicios de Matemática Básica 1 a cambio de grabarle en cassettes unos elepés de Talking Heads y Joy Division. Un día me contó que su crisis vocacional había llegado a su fin tras hablar con mi padre: estudiaría filosofía oriental con especialidad en sánscrito.

Esa facilidad para comunicar la desarrolló también en el periodismo, un bicho que los Cisneros llevamos en la sangre, en especial a través de una columna de opinión que no sobrepasaba las 400 palabras donde reflexionaba sobre los problemas del país y hacía docencia. Todas esas facetas aprendí a descubrirlas con mis propios ojos, ya sea porque yo tropezaba en el camino y recurría a sus consejos, ya sea porque me sorprendía siempre ver la asiduidad con la que lo buscaban sus discípulos y amigos.

En estos días he pensado más en él, entre sonrisas y lágrimas, imaginándolo caminar con su paso apurado por esa larga vereda de la PUCP que la imaginación estudiantil conoce como 'tontódromo'. Y he recordado que sólo una vez me levantó la mano en toda su vida. Ocurrió cuando yo tenía tres años: cambié de lugar un libro de Góngora del estante de su biblioteca. Lo puse al lado de Lorca. Un manazo suave pero perenne, marcó mi conducta de por vida. Mi madre protestó. Yo lloré. Y jamás volví a cambiar de sitio los libros, ni a pintarlos. Años después mi padre me regaló uno de mis primeros libros: una historieta en blanco y negro del Quijote de la Mancha, de la editorial Bruguera, para leer y colorear. Era su manera de inocularnos el amor por los libros y la lectura, una de sus pasiones.

El pasado fin de semana fuimos a visitarlo. Dejamos flores y nos hizo un guiño. La vida continúa.



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Luis Jaime Cisneros Vizquerra: 28.5.1921- 20.1.2011. Foto: Luis Jaime Cisneros Hamann, enero 2016.

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Luis Jaime Cisneros y su hijo Luis Jaime frente a la Puerta de Brandenburgo, eclipsada por un recién levantado Muro de Berlín.  Berlín Occidental, marzo 1962



Luis Jaime según Luis Jaime (un dossier íntimo)

- Mi papá nació en Lima, en 1921, pero vivió sus primeros 27 años en Buenos Aires debido al exilio de mi abuelo, el poeta y periodista Luis Fernán Cisneros (el mismo del parque del mismo nombre en Miraflores.)

luis jaime y vargas llosa.pngLuis Jaime Cisneros alzado en hombros al finalizar su discurso luego del congreso fundacional del Partido Demócrata Cristiano. Lima, enero 1956. Un jovencísimo Mario Vargas Llosa lo carga.

- En Argentina estudió medicina hasta que una aversión a la sangre lo recondujo al código genético familiar de las letras que mi bisabuelo, el también poeta y escritor Luis Benjamín Cisneros (sí, el del parque del malecón de Miraflores) había iniciado.

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Luis Jaime en el fabuloso trazo del dibujante y artista Paco Cisneros. Buenos Aires, 1948.

De la medicina pasó al campo de las humanidades y se doctoró en filología. De vuelta al Perú se inició en la docencia como profesor en San Marcos y la Pontificia Universidad Católica, donde dictó cátedra de Letras y Literatura durante más de 60 años formando diversas generaciones.


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Frente a parte de su amada biblioteca. Lima, circa 2002

Ejerció también el periodismo, como director de los diarios La Prensa y El Observador. En 2011 tomó un atajo y partió. Aún no tiene parque, malecón ni calle con su nombre.

luis jaime y su nieto luis jaime.pngEl maestro y su nieto Luis Jaime, en su biblioteca, Lima 2006.




 *Luis Jaime Cisneros Hamann, periodista desde 1978. Trabaja desde hace más de dos décadas en la agencia de noticias France Presse. Antes en el grupo Apoyo, y las revistas Caretas y Oiga.




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