Esposa de Stephen Hawking cuenta los difíciles momentos de su matrimonio con el genio

Sociología y Antropología

Por Sophimania Redacción
21 de Enero de 2015 a las 11:16
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Esposa de Stephen Hawking cuenta los difíciles momentos de su matrimonio con el genio

Jane Hawking, la primera esposa del afamado científico, acaba de publicar el libro “Hacia el infinito”, obra de memorias de los 25 años que estuvo casada con el físico.

 

En el libro recuerda escenas importantes que también han sido retratadas en la película “La teoría del Todo”. Una de ellas, cuando en 1985 una neumonía virulenta dejó al profesor Hawking en coma y estuvo a punto de matarlo, mientras participaba en una escuela de verano en el CERN.

 

Hasta tal punto fue así, que los médicos suizos le dieron a entender a Jane que no había nada que hacer, y que si ella les daba su autorización, desconectarían la respiración artificial que mantenía vivo a su marido para dejarle morir con el mínimo dolor posible. Jane, sin embargo, se negó: “mi respuesta fue rápida: Stephen debe vivir”, cuenta en el libro.

 

Sin embargo, el matrimonio no resistió el paso del tiempo, y se divorciaron en 1991, cuando el astrofísico dejó a Jane por Elaine Mason, una de sus enfermeras.

 

 

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Foto: TELEGRAPH

 

 

Jane había conocido a Stephen el primer día de 1963, en una fiesta de Año Nuevo que se celebró en casa de unos amigos en Saint Albans, una ciudad romana cerca de Londres donde vivían sus familias. El flechazo fue mutuo, pero tan sólo un mes después, Jane se enteró de que aquel chico que le gustaba tanto había recibido la noticia más dramática imaginable. Tras empezar a tropezarse continuamente sin ningún motivo aparente, e incluso sufrir serias dificultades hasta para atarse los cordones de los zapatos, los médicos le diagnosticaron la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), un trastorno neurodegenerativo que generalmente suele condenar a sus víctimas a una esperanza de vida de dos o tres años como mucho.

 

A Jane, sin embargo, la tremenda noticia no enfrió su atracción por Hawking, sino todo lo contrario. Así, la valiente pareja se embarcó en una aventura matrimonial que les llevó a saborear las mieles del triunfo académico de Hawking, cuyos éxitos científicos le llevaron a convertirse en poco tiempo en uno de los astrofísicos más respetados del planeta.

 

Conforme avanzaba la cruel enfermedad de su marido, más dependiente se volvía de ella, y más duro era el desafío de bañarle, asearle, vestirle y darle de comer cucharada a cucharada al brillante cerebro con el cuerpo paralizado. Cuando le pregunto a Jane cómo soportó este calvario, su respuesta desvela la gran paradoja del matrimonio Hawking: la clave de su resistencia fue precisamente la fe en ese Dios rechazado por las teorías cosmológicas del profesor Hawking.

 

 

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Foto: DAILYEXPRESS

 

 

De hecho, la ex mujer de Hawking cree que, con el tiempo, el ateísmo del astrofísico se volvió progresivamente más radical, mientras ella necesitaba aferrarse cada vez más a sus creencias religiosas, y éste fue uno de los factores fundamentales que les distanció y erosionó su matrimonio.

 

Fue entonces cuando una amiga le animó a que se uniera al coro de su parroquia local para poder distraerse del infierno en el que se estaba convirtiendo su propio hogar, y así es como conoció a Jonathan Hellyer Jones, el organista y director del coro del que se enamoró y que acabó convirtiéndose en su marido tras divorciarse de Hawking.

 

A pesar de todo, las memorias de Jane tienen un final feliz. Desde que Hawking se divorció de Elaine Mason en 2007, Jane se ha reconciliado con su ex marido y ahora son frecuentes los encuentros de la antigua pareja con sus tres hijos. Aunque hoy le sigue reprochando que “nunca me ha agradecido nada”, su libro finaliza con un emotivo homenaje al genio que, sobre todo gracias a ella, se convirtió en el científico más famoso del mundo, e incluso logró cumplir su sueño de volar en gravedad cero: “Su sonrisa mientras flotaba en ingrávida liberación me conmovió profundamente, y me indujo a reflexionar sobre el gran privilegio que fue viajar con él, aunque fuera una corta distancia, hacia el infinito”.

 

 

FUENTE: El Mundo


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