Covid 19: No solo la ciencia y la tenología, el contexto también importa

Medicina, Salud y Alimentos

Por Sophimaníaco Invitado
31 de Agosto de 2020 a las 19:42
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Covid 19: No solo la ciencia y la tenología, el contexto también importa
Aplicar modelos y medidas sin tomar en cuenta el contexto puede conllevar a error y hasta a riesgo. Imagen: Internet

*Por Camila Gianella Malca y César Ugarte Gil

Alrededor del mundo, la pandemia de la COVID-19 ha llevado a los gobiernos a adoptar medidas excepcionales destinadas a controlar la enfermedad, así como aminorar sus efectos.   Estas medidas se han tomado bajo circunstancias extraordinarias, para las que el mundo, y el Perú - con un sistema de salud muy precario, altos niveles de inequidad y un pobre sistema de soporte social- no estaban preparados. 

En los casi seis meses desde la declaración del estado de emergencia en Perú, se han escuchado en el país voces críticas a las medidas, algunas sin mayor fundamento pero también se han presentado propuestas, ofrecido apoyo, e implementado algunas estrategias, como por ejemplo la campaña #RespiraPerú,  o el Comando Matiko en Ucayali.

Además, en este contexto, diversos actores de la sociedad civil vienen pidiendo al ejecutivo usar evidencia científica al momento de diseñar las estrategias sanitarias para enfrentar la pandemia.

Y es que, algunas de las medidas tomadas por el Ministerio de Salud y EsSalud al inicio de la pandemia, como la distribución de Cloroquina e Ivermectina, que se hizo sin contar con evidencia científica que las sustente. Estos usos se han replicado en algunos gobiernos regionales y se han mantenido en todo el sistema de salud público pese a la evidencia desaconsejando el uso de estos medicamentos para el tratamiento de la COVID-19.

Pruebas rápidas, rápido error

Otra de las medidas cuestionadas es la utilización de las pruebas rápidas en personas asintomáticas, como una herramienta de tamizaje poblacional (es decir, detectar personas sin síntomas de COVID-19).  En el Perú se están utilizando las pruebas rápidas para permitir el retorno laboral, cuando estas pruebas no deberían ser utilizadas con estos fines pues brindan información tardía del estado de la infección y tienen son poco sensibles, se estima que detectan un 63.5% de los casos positivos.

Esto, además de ser un desperdicio de los escasos recursos estatales, no ayuda a enfrentar la pandemia, genera confusión en la población y contribuye a generar una falsa sensación de seguridad frente a la enfermedad. 

Lamentablemente, miembros de la comunidad científica  internacional y nacional han contribuido a esta situación presentando  evidencia débil, y quien sabe en algunos casos con muchas ganas de sobresalir.

Se habló en algún momento incluso de una supuesta protección de la vacuna de BCG (vacuna  para prevenir las formas severas de  tuberculosis en niños y niñas). Luego aparecieron la Cloroquina y la Ivermectina.  

Lamentablemente algunos científicos hablan, presentan artículos, pero sin explicar bien la fuerza de sus datos a una opinión pública que, urgida de buenas noticias, replica las imprecisiones en medio de una terrible pandemia que ha matado a miles y ha destruido empleos.

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No se requiere de gran inversión para el rastreo de contactos pues puede realizarse manualmente de manera efectiva. Imagen: Internet 

Trazado de contactos o ‘Contact Tracing’

En este contexto, preocupa que algunos insistan en llamados para implementar un sistema de trazado digital de contactos digitales sin evidencia sólida o evaluación operacional del contexto peruano de por medio.

Con la COVID-19, como con otras enfermedades infecciosas (por ejemplo, la Tuberculosis, de alta prevalencia en nuestro país), el trazado de contactos es de suma importancia, pues permite identificar patrones de transmisión de la enfermedad en la comunidad, grupos en riesgo, así como nuevos brotes. 

Sin duda, una de las deficiencias de nuestra respuesta a la COVID-19 ha sido la incapacidad de generar información que permita conocer, por ejemplo, cuántos de los casos nuevos provienen de la lista de contactos de personas con COVID-19.

En el Perú, el sistema de trazabilidad de casos debe ser una prioridad. Sin embargo, este trazado de contactos no tiene por qué ser digital como algunos sostienen.   Hoy en día no existe evidencia clara que justifique por qué en nuestro contexto nuestras autoridades de salud deberían destinar e invertir recursos (financieros o humanos) en la adquisición e implementación de un sistema digital para el trazado de contactos.

Tampoco queda claro qué beneficios extras podría traer este tipo de sistemas costosos por sobre otras intervenciones, como el trazado manual de contactos, que ya se ha hecho en el caso de la COVID-19 (aunque de forma limitada), y sobre el cual existe experiencia en otras enfermedades como la tuberculosis.  

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¿Celulares para el contact tracing o rastreo de contactos? Imagen: KATIE LEPRI WLRN

Contact Tracing y celulares inteligentes

En el caso del trazado digital de contactos, un dato importante es el de acceso a “teléfonos inteligentes”, con GPS, bluetooth y la capacidad de almacenar un aplicativo.  Existen muchas formas de medir acceso a “teléfonos inteligentes”; el indicador más grueso es el número de equipos por hogar. Se estima que más del 70% de los hogares en el Perú tiene un teléfono inteligente.

Sin embargo, hay otras variables que se deben tomar en cuenta, como el cambio de número, el uso del mismo equipo y número, (para cambiar de plan ya que la mayoría de los usuarios son pre pagos), así como el robo de los equipos (en febrero del 2020 Osiptel estimaba que diariamente se robaban a nivel nacional unos 6,000 celulares).

Por otro lado, hay estudios que muestran qué sectores de la población podría quedar excluidos, lo cual no sólo crea cuestionamientos sobre los principios de equidad sino sobre la efectividad de la herramienta.

Por ejemplo, un estudio hecho en el Callao con personas afectadas por tuberculosis sobre acceso a teléfonos celulares, se detectó que el acceso a  teléfonos móviles (y en consecuencia a aplicativos de rastreo, o mensajes de texto) era menor entre las personas con menores ingresos, que sufrían de inseguridad alimentaria y con más de 50 años de edad.  

Sabemos que, como en el caso de la Tuberculosis, en la COVID 19 la pobreza juega un rol central en el contagio de la enfermedad; y que la edad es un factor de riesgo para desarrollar algunas formas graves de la enfermedad. El estudio en el Callao señala que son estos grupos en riesgo los que podrían quedarse fuera de un sistema digital de trazado de datos.

Por otro lado, es necesario re evaluar la evidencia a la luz de los nuevos datos que emergen (como por ejemplo la baja afiliación de usuarios a la aplicación en lugares donde ha sido aplicada, y cuestionamiento su  equidad  ).  Lo que parecía una buena idea en marzo de este año, cinco meses después puede ser que no haya logrado los impactos esperados.  Las aplicaciones móviles de uso personal, parecen no haber logrado el impacto esperado en el control de los contagios comunitarios en países incluso desarrollados.

Esto no implica desechar la tecnología, pero la nueva evidencia nos debe llevar a analizar para qué y en qué circunstancias pueden ser de verdad útiles estas herramientas tecnológicas.


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En la ciencia y aplicación de sistemas, el contexto importa. Y mucho. Imagen: Internet.

El contexto importa 

La experiencia con otras enfermedades infecciosas, como Tuberculosis, Ébola, o el VIH/SIDA, han demostrado que el contexto importa, es decir, las soluciones tienen que ser adecuadas a la realidad local. 

En otras palabras, su implementación (herramientas tecnológicas) cómo política nacional debe ser antecedida por estudios operacionales de factibilidad.  Estos tipos de estudios recogen, sistemáticamente,  información cualitativa y cuantitativa del programa para evaluar su aceptabilidad y factibilidad pero también proporciona información para hacer mejoras en la intervención.

Los modelamientos son importantes, pero se debe conocer si ese modelo se puede aplicar en el contexto en el que se quiere intervenir, así como qué acompañó el modelo.  El trazado de contactos digital en países asiáticos, no se aplicó de forma aislada. Fue parte de un paquete de intervenciones.  

El éxito o no de estas medidas está íntimamente relacionado a los otros componentes del paquete, ignorar la necesidad de implementar un paquete integral podría poner en riesgo la efectividad del propio método digital, y crear desconfianza en una herramienta que podría ser útil si se implementa junto a un conjunto de medidas.  

Además, se espera que una propuesta de política considere, desde su diseño, cómo va a enfrentar desafíos propios del contexto en que se quiere trabajar, y que están descritos en la literatura general (como indicadores nacionales), y/o han sido identificados por estudios realizados en contextos similares. 

¿Qué es enfoque operacional y por qué importa?

Sin duda, luego de seis meses hay cansancio y desesperación por volver a la antigua normalidad.  Sin embargo, en este contexto es muy importante contar con una comunidad científica creativa, comprometida, pero objetiva y responsable.

Esta no es una tarea fácil, pero una de las grandes lecciones que nos debe dejar esta pandemia es la importancia de evaluar las intervenciones de respuesta a la COVID-19 (ya sean de control de infecciones, tratamiento, diagnóstico o trazado de contactos), más allá del modelo teórico, o supuesta efectividad en otros contextos. 

Debe estudiarse al detalle la implementación de las mismas usando enfoques de investigación operacional. El enfoque operacional es “la aplicación de métodos, técnicas e instrumentos científicos a los problemas que envuelven las operaciones de un sistema, de modo que proporcione, a los que controlan el sistema, soluciones óptimas para el problema observado".

Los enfoques de investigación operacional nos permitirán identificar brechas y barreras que se encontrarán en dichas implementaciones. Este tal vez es el reto más grande que tengamos que enfrentar en los próximos meses de la pandemia en el Perú, y sólo se va a lograr con un cambio de enfoque desde el Estado y en la opinión pública, incluyendo a la comunidad científica y al personal de salud.


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*Sobre los autores:

-Camila Gianella Malca es doctora en psicología por la universidad de Bergen (Noruega).  Tiene además una maestría  de Charité - Universitätsmedizin Berlin  en salud internacional y es licenciada en psicología por la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde actualmente es profesora asistente en la facultad de psicología y directora ejecutiva del Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas ( CISEPA).  

Camila es también investigadora en el Chr. Michelsen Institute (CMI) y está asociada al Centre on Law and Social Transformation, de Bergen, Noruega. Ha investigado temas de tuberculosis, salud sexual y reproductiva, y derecho a la salud.

-Cesar Ugarte Gil es médico cirujano de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Tiene una maestría epidemiología por el London School of Hygiene and Tropical Medicine y un PhD en Global Diseases, Epidemiology and Control.  Es también profesor auxiliar de la Facultad de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia e investigador del Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt.


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